Política afectiva.Apuntes para pensar la vida comunitaria Annabel Lee Teles Editorial Fundación La Hendija ParanáArgentina, 2009. Tenemos la alegría de presentar el segundo libro de Annabel Teles. No utilizamos la palabra alegría en vano, pues se trata de un libro que no sólo nos "reconforta", sino que nos invita a expandir nuestras posibilidades más allá de los límites que imponen la monotonía y los prejucios.
Es un libro de fuerte corte spinozista: todo apunta a la superación de nuestros umbrales afectivos, de nuestro poder de afectar y de ser afectados. Pero también es un libro que promueve un nuevo modo de pensarnos a nosotros mismos, habitantes de esta tierra.
No se trata, para nada, de una visión ingenua de los afectos, como intentan inculcar la autoayuda u otros modos de subjetivación actuales. Al contrario. Podemos ver allí los afectos en crudo, es decir, la diferencia jugada en tanto diferencia y el crecimiento de las subjetividades a partir de un intercambio mutuo y generoso de sus potencialidades. Se esté o no de acuerdo con algunas pautas que el mismo plantea, se trata, sin más, de una herramienta indispensable para hacer triunfar la alegría sobre la reacción y el resentimiento. M.A. ------------------------------- En el comienzo... Annabel Lee Teles Al terminar de escribir este libro tuve una sensación incómoda, albergar su carácter experimental me producía cierta extrañeza. Tenía en mis manos un libro distinto al imaginado, el texto había mutado, lo vivido se había apoderado de él hasta modificarlo. Lo cierto es que tiempos de gran movilidad y mudanza nos alcanzaron, invadieron nuestras vidas y nos alejaron de los lugares habituales. La escritura se volvió fragmentaria, notas sueltas fueron recogiendo impresiones, sensaciones, agrados y disgustos. La intensidad de la experimentación hizo que la necesidad de escribir, de anotar fuera irrefrenable. El problema apareció cuando llegó el momento de aminorar la marcha, de configurar ese conglomerado de textos sueltos, alejados de toda composición. A la vez, el cauce del pensamiento se presentaba con claridad: la necesidad de decir un pensamiento político afectivo que contribuya a estimular el respeto y el apoyo mutuo, la vida comunitaria en sus distintas expresiones. Sin dejar de ser fragmentario, de ser apuntes escritos en el transcurso de una experiencia-pensamiento, lentamente fue adquiriendo una conformación próxima a un libro. Y justamente, gracias a ello, quizás surja la posibilidad de una lectura singular y creativa, de que cada uno realice su propio recorrido, de acuerdo a su gusto, a sus ganas de pensar-experimentar. El proceso fue arduo, las dificultades fueron apareciendo, una sobresalió respecto de las demás, ella fue una tensión desagradable de lejanía y proximidad con la filosofía que me exigió repensar tanto la escritura, como la enseñanza filosófica. La compresión llego de a poco, mientras se afianzaba un alejamiento de la filosofía en su modalidad disciplinar, se iba consolidando una andadura filosófica peculiar. Puesto que, no cabía duda de que este libro se presentaba como el despliegue de un pensamiento ético-político en relación con la producción realizado en el campo de la filosofía. Más aún, en la medida que se proponía mostrar la relación indisoluble, ya planteada por Spinoza, entre ontología, ética y política. Se trataba de una senda filosófica enlazada a la vida, a lo que pasa en lo que nos pasa, al devenir de experiencias que impulsan a pensar de otro modo. La lectura constante de algunos filósofos intensificaron este camino, aportaron la tranquilidad de saber que hay tiempo y espacio para todos, de que cada uno traza la senda que desea transitar. Acrecentaron las ganas de seguir afirmando, siguiendo a Deleuze, que la actividad filosófica es por excelencia intempestiva, creativa: pensar es crear conceptos, plantear problemas, hacer visibles cosas que en otras condiciones no hubieran podido verse. Sin duda, son tiempos de intensas mutaciones, es preciso tener presente que pensar es crear, inventar y no seguir apegados a las formas vigentes que están mostrando seriamente su ineficacia. Abordar los problemas con lucidez, encontrar los mejores modos de plantearlos, confeccionar herramientas apropiadas para resolverlos significa realizar un acto creativo, abierto a las potencias del devenir portadoras de lo nuevo, del estímulo necesario para confiar en nuestros deseos singulares-colectivos. Por ello, a pesar de las creencias que a diario muestran las dificultades, las soledades, comenzamos a vislumbrar que hay hombres y mujeres que trabajan con alegría en la realización de sus deseos creativos, que apuestan a la constitución de modos de vida solidarios y amorosos. Pensarnos como hacedores, como seres en relación, que al realizar su actividad mantienen encendida su propia luz, permite visualizarnos como un enjambre luminoso productor de una trama capaz de expandirse y dar lugar a nuevos modos de vida. En estos días, al entregar este libro para su publicación a los amigos de Centro Cultural La Hendija, insiste en mi el deseo de compartir estos pensamientos-experiencias con los hacedores, con aquellos capaces de entusiasmarse con los desafíos que les presenta la vida, con sus alegrías y tristezas, con las ganas de crear nuevos modos de pensamiento, nuevas tramas de mundo. Montevideo, Marzo del 2009. --------------------------------------- Prólogo: Diego ChamyEn las últimas páginas de Una Filosofía del Porvenir, el primer libro que publica Annabel, se empezaba a vislumbrar el pensamiento político que implicaba y se seguía de su pensamiento ontológico. En este sentido, uno podría esperar que Política Afectiva sea como una especie de continuación. Pero lo cierto es que al abordar la lectura del nuevo libro, uno entiende que el mismo es un texto que puede estar en paralelo a Una filosofía, y que los dos libros se llaman el uno al otro, estableciéndose todo tipo de relaciones entre ellos. El nuevo libro, así de fragmentario como Annabel lo anuncia, tiene sin embargo cosas que lo cohesionan. Esto se va captando pacientemente, una vez que uno va incorporando el ritmo del texto, vislumbrando cómo los fragmentos se van desenvolviendo. rólogo Cuando leemos filosofía esperamos enterarnos de cuál es el discurso del autor en cuestión, qué ideas nos propondrá, cuál será su descripción del presente. La lengua se usa para referir a tal o cual idea, tal o cual construcción. Lo que hace Annabel, sin embargo, tiene poco en común con esto. Al escribir, no usa la lengua como una herramienta para decir cosas, sino que se instala en la lengua haciendo de ella un acontecimiento en sí mismo. Es difícil de explicarlo, pero Annabel se lanza a un tipo de escritura que está en el mismo plano de eso que dice; no usa el lenguaje como una formalización dada para la transmisión de ciertos conceptos, sino que es la producción de estos conceptos, conjuntamente con perceptos y afectos, lo que va a constituir el texto. Lo dice ella misma, cuando propone un pensamiento que “abandone la exclusividad conceptual”; y evidentemente logra conquistar una especie de plano de inmanencia en la escritura, un modo que no se vale de un lenguaje común al lector y al escritor, sino que se pone al nivel de lo que dice su pensamiento convirtiendo el texto en algo casi anterior a sí mismo – un texto previo o pre-texto. Política Afectiva tiene así la cualidad de ser un texto que se genera y regenera a sí mismo en cada nuevo párrafo. El uso que Annabel hace de la primera persona del plural (“nosotros”) se distingue tanto de un yo personal como de un nosotros puramente formal, en el sentido de que no remite ni a un falso nosotros como mero intento de desplazar el yo, ni es tampoco una tentativa de aglutinar al escritor y al lector en una misma experiencia. Es más bien un signo de su capacidad de afirmar ideas y marcar caminos. El lector va a ser llamado a afirmar cosas que a primera vista desconciertan. “No sufrimos de falta de ideas, ellas abundan”. ¿Las ideas abundan? ¿En dónde? ¿En quién? Pero ya no importa. Alguien se atreve a decir que abundan, entonces a partir de ahí quizá empezamos a ver que quizá sí, que quizá abundan, pero que hasta ahora por tal o cual motivo creímos lo contrario. En Política Afectiva esta situación se repite una y otra vez a medida que el texto se va desarrollando. Está en cada uno sentir esto como obstáculos o como posibilidades que Annabel nos va mostrando. Si nos queremos sumergir en la aventura de este pensamiento, mejor vale dejar de lado, al leer, tanto la sospecha como la especulación. Y no es que se trate de aceptar ciegamente todo lo que acá está escrito. Es que cuando Annabel dice o escribe, inaugura un mundo, traza un camino nuevo; eso no estaba ahí, ahora lo está. Uno puede preguntarse si es que las ideas realmente abundan. Pero puede también imaginar que las ideas abundan, y quizá, de a poco o todo junto, uno va viendo eso de que las ideas abundan. Suena difícil. Es difícil. Pero a la vez es simple. De eso se trata “abandonar la grilla de inteligibilidad” a la que estamos íntimamente acostumbrados. Política Afectiva parece presentar los signos en directo, sin traducción, como apariciones o imágenes, pero no es que el texto se convierta en poesía (más allá de que Annabel reivindique la capacidad poetizante del pensamiento). El texto se juega en un límite, que es el límite al que puede ser llevada la filosofía cuando se muestra desnuda, sin sus modos reconocibles. Una de las apuestas fuertes de Política Afectiva es la conexión que plantea entre ontología y política. Es como una actualización de una línea de pensamiento que quedó discontinua. En este sentido, se puede decir que el pensamiento ontológico-político dominante a lo largo de siglos, hasta nuestros días, es sin duda el inaugurado por Aristóteles. Su contrapunto más fuerte y célebre sería quizá el de Spinoza, autor que no por casualidad Annabel recupera. Después, con la llegada de los filósofos contractualistas y el desarrollo de diversas teorías políticas, parecería que la política se independiza de la ontología. Pero esto no es totalmente exacto. En realidad, a partir de la modernidad, la política, más que encontrar un espacio autónomo, acepta un plano ontológico como si otro no fuese posible; es lo que Annabel llama el plano empírico-trascendente. Por otra parte, al pensamiento ontológico se le sustrae el plano político, quedando la ontología casi en desuso, desactualizada o reservada para un grupo acotado de especialistas que hacen de ella un juego técnico que ya no tiene ningún tipo de importancia y ningún tipo de efecto en el mundo. A partir de entonces, la producción de discursos ontológicos fallará una y otra vez, ya que a la ontología se le roba su potencia y su sentido desde que se le prohíbe conectarse al pensamiento político y ver cuáles podrían ser sus efectos en él. El pensamiento ontológico, confinado y condenado por ser poco concreto o demasiado metafísico, deja lugar a esta política pseudo-independiente basada en lo empírico como supuesto conjurador de cualquier ilusión o molestia metafísica. Lo cierto es que, como bien muestra Annabel, “lo empírico es lo abstracto por excelencia”. Lo empírico no está libre de sostener una posición ontológica, sino que simplemente basa su ideal en un tipo específico de ontología que está determinada por un tipo específico de ilusión, tanto más abstracta cuanto más se niega a si misma. En esto se basa la trascendencia de esta concepción del mundo: es una concepción que está apoyada en un modelo formal que nunca se pone bajo cuestión, sino que existe como sustento para que esta pueda funcionar – como proveedor de sentido –, en última instancia legitimándola. “La dificultad mayor del preguntar ontológico, consiste en su radicalidad, en su cuestionar todo punto de anclaje”. Esta es una de las primeras cosas a las que hay que prestar atención si se quiere entender de qué se trata esta política afectiva que va a proponer Annabel. La política afectiva sería el punto en donde la filosofía adquiere su mayor vigor, ya que va a ser teniendo en cuenta el nivel de los afectos como Annabel propone y consigue recomponer nuevamente esta conexión entre ontología y política, inaugurando lo que es sin duda un pensamiento tan original para nuestro tiempo como interesante cuando se lo toma en sí mismo. Esta conexión entre ontología y política tarde o temprano tenía que volver a actualizarse. El pensamiento ontológico que Annabel hubo desarrollado durante años fue lanzado a pensar y experimentar la vida política durante los acontecimientos de diciembre de 2001, cuando en Argentina nos vimos forzados a pensar algo que se nos escapaba, que no parecía poder ser aprehendido tan fácilmente. La crisis actualizó una memoria que no era meramente personal, de sucesos vividos años atrás, sino una especie de memoria-mundo que traía consigo marcas que algunos podían visualizar o sentir mejor que otros. Annabel vio esas marcas de una manera especial, y logró sentir nuevamente y actualizar este vínculo entre ontología y política. No hay duda de que los acontecimientos de finales de 2001 dieron paso a experiencias políticas y afectivas muy singulares, pero no sería justo decir que hasta entonces Annabel había tomado a la filosofía como una disciplina aislada dentro de si misma, y que sólo entonces le dio a ésta un sentido práctico. Annabel trabaja en este sentido desde siempre; cualquiera que haya estado en sus talleres de pensamiento lo puede apuntar. Sea cual sea el momento, Annabel insiste en una filosofía ligada a la vida, mostrando cómo la forma básica en que pensamos los entes o la lógica que vayamos a utilizar, va a determinar nuestro modo de vida, nuestros modos de relación, y por tanto nuestro pensamiento político. Y también lo contrario: cómo, dada una serie de ideas políticas, o dada una forma de vida tal o cual, podemos ver qué concepción del mundo la está determinando, qué lógica está operando por detrás de ella, qué imagen del pensamiento la está animando. Pero, cualquiera sean sus razones, Annabel siempre se cuidó de no poner su esfuerzo en la elaboración de una crítica detallada de lo dado. Quizá en esto también resida la novedad de Política Afectiva. Más que avocarse a entender y denunciar los vericuetos y minucias del funcionamiento de la concepción empírico-trascendente, como condición necesaria para, en un futuro, tener la chance de escapar de él, Annabel “aparta la mirada”: o nos paramos desde el principio en otro lado, ya fuera de esta grilla de inteligibilidad empírico-trascendente, o quedamos atrapados en ella. Esta es la apuesta en Política Afectiva. Ya desde la primera línea pararse en otro lugar, por más extraño que ese lugar pueda parecer. Y lo curioso es que al final uno ve que lo difícil era empezar a caminar y no, como a veces se piensa, encontrar el camino. Y no es que al proceder de este modo se pase nada por alto. Todas las tecnologías de sujeción, la manipulación como práctica cotidiana, los intentos de convencer voluntades, los mecanismos de control de la vida, la propagación de imágenes generadoras de tristeza, soledad y desamor, las acciones regidas por el propio interés o los intereses corporativos, la lógica del máximo beneficio, el perpetuo sojuzgamiento e interceptación de las potencias creativas, la burocratización de la producción... todas las instancias que promueve el pensamiento político cuando intenta negar el plano de los afectos son claramente marcadas por Annabel. Pero su pensamiento no se detiene en ellas. Es como si Annabel hubiese ya entendido desde el principio que no vale la pena darle la vuelta a estos asuntos. Los muestra, los menciona, pero se aboca más a propagar otros modos, que van a ser parte de esta política afectiva: una recuperación del plano de lo afectivo en el pensamiento y la acción política, de todo el conjunto de los afectos. ¿Pero qué se entiende exactamente por afectos? Uno podría pensar que son las modificaciones o cambios que sufre el cuerpo. Pero esto no sería completo. Si volvemos a Spinoza, en su Definición General de los Afectos vemos cómo los afectos son entendidos como ideas en las cuales el alma afirma del cuerpo una fuerza de existir mayor o menor. Los afectos no son simples modificaciones, sino ideas que constituyen el cuerpo mismo; cuerpo que es entendido por Annabel como cúmulo intensivo. Cuando el alma afirma del cuerpo algo que implica una mayor fuerza de existir, esta mayor fuerza se realiza inmediatamente en él, no en un paso posterior, sino a la vez, ya que las ideas expresan la constitución actual de nuestro cuerpo y en este sentido no afectan a éste contingentemente o en un proceso a dos tiempos como generalmente lo suponemos. Es esta importancia que le da a las ideas-afectos lo que a Annabel le permite decir que “un universo imaginario constituye [...] nuestra realidad. Pero el problema no es que sea imaginario, sino que es un universo devastador”. Esta apelación a la imaginación no es casual cuando vemos que Spinoza entiende los afectos como ideas, pero ideas confusas, esto es, las ideas que son producto de la imaginación (el primer género de conocimiento). Es interesante ver cómo Annabel recupera el nivel de la imaginación como posible disparador de un pensamiento político creativo. “Tal vez, sólo se trata de comenzar, de pensar e imaginar vidas alegres y abundantes. La imaginación adquiere el vigor de nuestra afectividad, expresa los afectos, nos impulsa a pensar...”. En este sentido las ideas de Annabel son casi fundacionales, ya que plantean una especie de redención de la imaginación, de los afectos, de las ideas supuestamente confusas a las cuales se les va a restituir una importancia que le había sido negada por la filosofía podríamos decir desde siempre, y mucho más desde que la ontología y la política empezaron a transitar caminos separados. Política Afectiva expresa un conjunto de ideas que, si uno es capaz de hacerlas suyas, de afirmar inmediatamente, ya nuestro cuerpo contendrá una mayor fuerza o realidad. De esto se trata la alegría de la cual habla Annabel. No es un simple estado de ánimo, sino el nombre de este acontecimiento que es el aumento de la fuerza, el aumento de la realidad y de las capacidades de cada quien. Tampoco el amor es entendido acá como los “enamoramientos pasionales” o un sentimiento hacia un otro separado, sino que es el amor como un aprendizaje que tiene que ver con “ser capaces de generosidad”, con la capacidad de “disolver los propios límites, ir más allá de uno mismo”; amor que también incluye y acepta las conflictividades que le son propias. Podemos imaginarnos cómo y por qué el plano afectivo fue una y otra vez dejado de lado por el pensamiento político. Primero, porque muchas veces hay directamente una incapacidad de dar cuenta de este plano: mientras la política se plantee como una serie de acciones con respecto a fines, mientras se concentre en lograr objetivos, jamás podrá ejercer un pensamiento en otro sentido. Estos fines que se quiera alcanzar, por más nobles que parezcan ser, estarán siempre predeterminados por los problemas que vienen dados, y en este sentido no permitirán la posibilidad de crear pensamientos políticos originales, perspectivas que puedan dar cuenta del plano afectivo. Por otro lado, aunque el plano afectivo pueda ser en algunos casos visualizado, será siempre sojuzgado, ya que, estando imbricado en el pensamiento ontológico, el plano afectivo representa un peligro concreto puesto que tiene la capacidad de poner todo enunciado exclusivamente político bajo cuestión. Curiosamente, los argumentos que se esgrimirán en contra de recuperar los afectos para pensar y hacer política serán ellos mismos afectos, que, una vez aceptados como ideas, disminuirán la potencia de los seres que con ellas acuerdan. Se entiende entonces que las formas políticas que niegan el plano afectivo están ellas mismas completamente imbuidas en este plano, operando incesantemente por afectos ya sea generando conformismo, desánimo, incredulidad, nihilismo y toda la serie de afectos que llevan a delegar la propia potencia, como también prepotencia y arrogancia, que se entienden generalmente como instancias propias de las relaciones de poder y por lo tanto aparentemente inevitables. Lo que se experimenta en Política Afectiva es justamente lo contrario: no sólo el anuncio de la posibilidad de integrar el plano afectivo de forma positiva en el pensamiento político, sino además y sobre todo, la efectuación de una política afectiva encarnada en el texto mismo. Por eso el texto no se constituye tanto como una instancia que habla sobre la política, sino que en su particular modo es un ejercicio de esta política afectiva que se inscribe en nuestras ideas si es que somos capaces de componer con él. Annabel nos muestra que la reinvención de la actividad política está a nuestro alcance, no como una serie de acciones destinadas a resolver problemas, sino como la generación de un pensamiento que pueda escapar a estos supuestos problemas que ya vienen dados. Desde el momento en que aceptamos lo que escuchamos que se repite a nuestro alrededor, las descripciones del presente que se nos presentan para leer, etc., el pensamiento político que desarrollemos va a estar totalmente determinado por problemas que se nos imponen, y las acciones políticas podrán tener matices, pero no variarán en lo más elemental, ya que se plantearán como soluciones a problemas que parecen no poder discutirse. La salida que propone Annabel no consiste en poner la existencia de estos problemas bajo cuestión, sino en ser capaces de desplazarse de esta problemática, que es siempre institucional, técnica, o meramente organizacional, hacia otro tipo de universo, más local, que tiene que ver con atender el cuidado de la existencia a través de la construcción de tramas afectivas basadas en el amor y la amistad. Los problemas dados siempre podrán ser retomados, aunque sufrirán una resignificación que abrirá el camino para nuevos planteamientos. La pregunta es entonces cómo generar territorios políticos en tanto ambientes para la creación de planos relacionales que promuevan un pensamiento político determinado por la amistad y el amor, la alegría y la generosidad. Y no será una pregunta que alimente expectativas utópicas, ya que el texto de Annabel se refleja en la vida de colectivos autónomos que en sus diferencias apuestan a este otro modo de lo político. Colectivos que están lejos de consumar un ideal, pero simplemente porque este ideal no puede existir, ya que tener un modelo a seguir significaría para estos colectivos autónomos perder justamente lo que tienen de autonomía. Muchas veces, las construcciones políticas autónomas y autogestivas “quedan atrapadas en una falsa disyuntiva y culminan ahogándose ante la cooptación o la confrontación”. Y es que no es fácil enfrentar el problema de la relación con el Estado, que en sus múltiples niveles siempre operará en contra de iniciativas que promuevan modos de vida que expresen diferencia. Pero estos modos de vida están ahí, y Política Afectiva nos llama a ver que “no somos los únicos, que hay otros que experimentan sensaciones parecidas”. En tanto más en soledad creamos estar, más funcionales seremos a un ordenamiento social que ignora la trama afectiva y que se basa en esta ignorancia para poder seguir funcionando en nosotros de la manera en que lo hace. Y la idea no es encontrar a nuestros iguales, ya que “no hay igualación posible”, sino a los seres con los cuales podamos compartir una creencia o una visión que nos ayuden a propiciar el despliegue de acontecimientos que todavía ignoramos. Diego Chamy – Berlín, Marzo de 2009 ------------------------ Presentación en MALBA Daniel Tarnovsky Política Afectiva. Apuntes para pensar la vida comunitaria. De Annabel LeeTeles Presentación en el Malba. Viernes 11-12-09. Leemos a Annabel. ¿Qué nos propone? Anna nos entrega un material político-filosófico-conceptual-afectivo-festivo, en el cual nos propone pensar-pensarnos más acá, entre-lazados, des-sujetados, y más allá de las crueles y habituales lógicas del poder. Poder, macro y micro-físico, que nos devasta y habita, y que por su naturaleza nos compele a la sumisión, el hastío, la decepción, el cansancio y la entrega delegativa de la potencia, singular y colectiva. Con su gris rémora de empobrecimiento, repetición y muerte. ¿Cómo lo propone? A través de un recorrido. Un paseo-conexiones múltiples por fractales-experimentaciones-pensares colectivos. Y no digo fragmentos sino fractales. Porque no son precisamente las partes des-armadas de un “todo” como verdad fundante; revelada, totalizante. Si no que son eso: fractales, como fuerzas, potencias en pensamientos, actos, decires, complejizaciones afectivo-psico-socio-filosófico-políticas y comunitarias. . Y el viaje propuesto será rizomático, resonante, leve y enérgico, vero y alegre, pero no portador de esa alegría fútil, obvia, cuasi obscena a la que nos tiene acostumbrados el universo literario-mediático con sus supuestas “proposiciones de buena onda”. La travesía será alegre, porque en la trama de su decir, en su arquitectura interior, en el mecanismo de conexión-resonante, en los enlaces, y aperturas propuestos, en las síntesis conectivo-sensitivo-conceptuales; respiramos la anhelada alegría del crear. Sentiremos propiciar el despliegue de potencias en acto y pensamiento. La creación de condiciones y planos de consitencia-inmanencia-pensamiento-acto facilitadores del movimiento imparable del devenir humano. El texto de Anna, es violentamente tierno (parafraseando al amado Cortázar en su Nicaragua violentamente dulce, lúdicamente suscitado Julio, como no podía de otro modo ser en este su año, y/o siempre; en las recomendaciones iniciales para la lectura del libro). Y digo violento en términos de bienvenida. Será violentador, provocador de nuestras propias encerronas y capturas. De nuestras cómodas y sofocantes entregas a nuestras crónicas poltronas del discurso del supuesto saber-hacer-pensar. En ese sentido, si algo hace la textualidad im-pertinente Annabelelliana, es in-comodar; y hacer-se-nos pregunta. Nos interpela. En nuestros modos de intervención. Nos empuja consistente a desplegar la potencia del pensar-crear. Nos despierta el deseo-avidez de intensidades no pre-formateadas. . Pero no a tontas y a locas. No sin mapa. Sino como superposición-yuxtaposición de planos, molares y moleculares en lucha por una nueva política, micropolítica de afectos e intensidades. Anna, o más que Anna, del modo como ella y su material, afectan y son afectados por los vientos maravillosos, arduos y múltiples del devenir; nos conmueve hacia una nueva sensibilidad. ¿y de qué modo, por qué vías, nos plantea su proposición? La lectura anti-metódica que el material suscita, ya que le entres por donde le entres incita reiterada y dis-rritmicamente a “hacer conexiones/inventar mundos”; avanza como torrente potente por caminos clara y deliciosamente contaminados deleuziana, spinozeana y nietzcheanamente. Sin embargo, no toma a estos autores, al servicio de la repetición; sino de la PRODUCCIÓN. Tal vez, como ellos hubiesen celebrado. Las citas de los maestros, se suceden; pero en tanto paráfrasis conectiva y multiplicadora; al servicio, y como plano de consistencia-inmanencia, para el propio devenir del texto-relato-experiencia. Y digo experiencia-experimento; porque si algo me deleita de la lógica annabélica, es que su propio devenir-escritura se revela y re- Bela como potencia en acción, en una musicalidad-sensibilidad permanentemente vibrátil, sensible y abierta a los flujos y vientos de la vida, la producción, la micropolítica, y aquello a lo que ella permanentemente nos insta. Y reitero: ella ejerce en su propia práctica del dibujar-inter-textualidad; una nueva RELACIONALIDAD AFECTIVA. Me place esa palabra. Me alivia de nuestras cansadas orejas-ojos-escuchas-decires de la racionalidad moderna y capitalística oprobiosa y mortuoria. O sea que tengo para mí, que Anna viene a decirnos, en acto, (con la filosofía “salida a la calle de los acontecimientos, como ella gusta decir; a los barros de las vidas y los colectivos”), de una nueva “suavidad”, activa, potente, encarnada-comunitaria-horizontal; nunca aislada. Allí donde predominaban, el despotismo, la manipulación, y la reiteración desgraciada de los mecanismos de prepotencia y sometimiento del poder despótico y jerárquico, y el aplanamiento y negación de la potencia de obrar. ¿de qué herramientas se vale para su suave e intensa provocación? El rico material navega por diversas dimensiones: Teórico, ideológico y técnica, dónde Anna se ocupa y preocupa en desarmar conceptos cristalizados de la filosofía política, y la construcción de comunidad. Ya no habrá una filosofía del pensar el ser y la cosa, o la cosa y su idea, de sujeto-objeto. . Estamos en un mundo en permanente mutación; de complejizaciones y desafíos inéditos. Se nos desfondó. Y como tal, las teorías, técnicas y epistemes que daban cuenta de “ese mundo institucional y de piso firme, anche de vigilancia y control”; también hacen agua como tal. Y por supuesto también lo hacen, los intentos de pensar críticamente aquel mundo, y su eventual transformación macro y micropolítica. Sobre todo, desde el punto de vista de los sujetos y los colectivos. Tanto el modo de pensarse-construirse-efectuarse ese mundo, capitalista, salvaje y mercantil, como sus anquilosadas discursividades críticas y supuestamente transformadoras; solo dan cuenta de los fracasos en sus posibilidades de resolución de las carencias y las necesidades elementales de los humanos que lo habitamos. Y se abre la pregunta de cómo inventar otras condiciones de producción de mejores condiciones de existencias singulares y colectivas. En esta instancia Anna, se y nos, interroga acerca de la necesidad de construir otro modo de pensar hacer. De creación-invención de nuevos otros conceptos y haceres ligados a las prácticas y los acontecimientos del devenir psico-social político, comunitario y estético. Los pensares-haceres-conceptualizaciones y epistemes se producen y auto producen en el devenir acontecimental singulares y colectivos. Y necesitamos para eso, escuchar los múltiples y heterogéneos devenires-flujos-aconteceres de la vida singular y colectiva, que piden percepción y expresión. El pensamiento adviene creación poético-política; “en situación”. No está pre-establecido. No hay un “mañana provisorio, ni “puerto de llegada”. Hay algo así como inmanencia revolucionaria (Deleuze); intensidad y emocionalidad dialogal en los colectivos de producción, e intento de una nueva relacionalidad afectiva. En ese marco, y en ESA SITUACIÓN implicada se crean conceptos y pensamiento filosófico político; y no a priori. Otra construcción de poder; ser-hacer-efectuar-pensar-creer-crear-vivir. Otra y fundamental dimensión es la ético-estética. Aquí es dónde Anna pone especial atención. Funda universos-afectos-generosidades expansivas. Aquí es donde me parece que el texto que nos ocupa, se vuelve, decididamente singular. En esta zona es donde precisamente se plantea el devenir revolucionario micropolítico. En las estrategias de producción del deseo, las relaciones con el otro, el otro de sí mismo, y los procesos y formas de producción de subjetividad singular y colectiva. El deseo en tanto potencia de creación, producción deviene subversivo del orden jerárquico establecido. La ética y la estética del deseo triste como carencia y como falta, es sacudida por una fuerte apuesta a la creación, la sensibilidad, la complejidad del encuentro humano con todos sus avatares, pero por sobre todo con una nueva otra ternura implicada. Sin jerarquías aplastantes. Hay en los trazos de Anna, musicalidad y pinturas multicolores; hay contrastes, siento olores, fragancias, no siempre gratas, y sonidos; muchos sonidos, a barrio, lucha, gentes, cuerpos, movimientos, miradas, peleas, gestos. Un intenso ejercicio de captación de molecularidades en movimiento, que lejos de ser apaleadas y aplastadas por las capturas dogmatizantes y domesticadoras de los discursos y las prácticas hegemónicas, son propiciadas y celebradas. Bendita sea la fiesta de los cuerpos y gestualidades en danza. Otros modos, otros cuerpos, otras subjetividades paridas en otros afectos-afectaciones colectivos. Parto de intensidades!!! Despliegue y contagio de intensidades deseantes.. Nuevas máscaras, permeables, tras tantos siglos de padecimientos múltiples; se desentumecen y se lanzan a la danza. Unos otros nuevos tartamudeos alegres. Un canto al ser de la sensación. Un susurro subjetívante e insurrecto, por la lógica de los sentidos, más que para los reiterados, occidentales y gastados “sentidos de la lógica”, que tanto daño nos hicieron, hacen y harán. Es en esta dimensión perceptivo-afectivo-molecular-expresiva, dónde se revela-rebela diferente la “política afectiva”, y su devenir comunitario En estas complejas y felices construcciones por los bordes incapturables del deseo y la micropolítica. El “otro”; el “extraño” en Nos, es posible. Se habilita-invenciona un “nosotros”, en la vida comunitaria, horizontal. Se singularizan cuerpos y almas, al socializarse. Y de este modo, el deseo como carencia-demanda; deviene deseo-producción-creación. En un recorrido no exento de oscuridades, recapturas y fracasos provisorios. Una verdadera celebración que pone la ética a favor del despliegue de la potencia, en lugar de cristalizarla en mortajas religioso-morales. Anna, insiste de esta manera, en que solo otra ética-estética serán posible sobre la base de nuevos modos relacionales y afectividades alegres, solidarias y cooperativas. Las vidas aparecen “afectadas” por y para la política. Los cuidados se instalan, mutuos y recíprocos. El material que nos ofrece Anna, in-orgánico, es acontecimental en sí mismo. Compone redes y tejidos. Nos trae esos vientos. Quien se acerque a él, no podrá permanecer en calma, quieto. Algo habrá de afectarle. No podrás leerlo pasivamente al estilo de las clásicas biblias y dogmas. Es un llamado. No una bajada de línea. Una invitación a la permeabilidad, la danza y al cuerpo vibrátil. Cercanías con el cuerpo sin órganos. Producción deseante. Máquina de guerra creativa. Afirmación de autonomías. Lo múltiple en su expresión singular, de lo comunitario. Una puerta de entrada a la fiesta. Siguiendo a Spinoza, algo es bueno porque lo deseamos y apetecemos. Y no al revés. La alegría no deviene como “golpe de voluntad”; sino como proceso de producción en territorios con otra relacionalidad y afectos. Por fuera de aislamientos alienantes. Máquinas mutantes. La libertad como puente entre la creación y el deseo. Y se trama Anna, en la pista de sus propias capturas del escribir; y se sumerge, abre y contagia en las experiencias de diversos colectivos (MTD La Matanza, La Hendija, etc.). Algo sucede en “el temblor” del acontecer colectivo. Allí se para el texto, pero no para de-s-cribir, sino para co-producir en “situación. El texto, entonces, co-produce; en el “entre” de los fragores existenciales, acontecimentales. En múltiples espacios-.tiempos del aión, habitados por afectos-fratrías-amistades-amorosidades. La fiesta, es por tanto; insurgencia!! El decir Annabelesco es una verdadera celebración de lo noble de almas singulares y colectivas, una invención política, una pregunta acerca del devenir comunitario. Una caricia/temblor intensivos para el cuerpo vibrátil; búsqueda de belleza en medio de tanto dolor y privación. Ejercicio de combustión poético-político. Chispa vital que enciende alegrías, y metáforas polifónicas, en medio del espanto. Una sacudida formidable y latiente, a esas cadenas y cárceles que nos interceptan los enlaces fecundos, para la libertad y el devenir apasionado. Y que suelen capturarnos aún, pese a nuestras mejores intenciones. Pues a sumarnos a la fiesta! Creer en el mundo es lo que más nos falta; perdimos el mundo: nos lo quitaron. Creer en el mundo es también suscitar acontecimientos, aunque pequeños, que escapen del control, o entonces hacer nacer nuevos espacio-tiempos, incluso de superficie y volumen reducidos... Es en el nivel de cada tentativa que son juzgadas la capacidad de resistencia o, al contrario, la sumisión a un control.
Gilles Deleuze ------------------ Presentación de Estela Muchas gracias por participar de esta reunión de presentación en Buenos Aires de la segunda obra de Annabel Teles, POLÍTICA AFECTIVA. En el primer contacto con el texto descubrí un instrumento para la acción, el mismo devuelve potencias, restituye fuerzas, está planteado puramente en imágenes y constituye una propuesta de pensamiento experiencial. Cercano al arte, se organiza mediante fragmentos y como dice su autora, se aleja de la modalidad disciplinar de la filosofía tradicional. Entonces compone, atiende a la COMPOSICIÓN. La nueva obra despliega una estructura ETICO-POLITICA alumbrando,sin encandilar, los modos de vida y las relaciones, afirmando una vida expresiva; posee la LUCIDEZ característica de una obra de arte, cuando entre sus páginas encontramos frases como la siguiente: “Pensar es crear, es desplegar el deseo, singular y colectivamente” POLÍTICA AFECTIVA apunta a los hacedores, nombrando el mundo como gran plano donde se hallan muchos hilos sueltos, esperando combinaciones y listos para enlazar… Annabel plantea proceder a su tramado alegremente, cuando dice: “ comenzamos a vislumbrar que hay quienes que, pese a las dificultades, trabajan con alegría en la realización de sus deseos creativos y apuntan a la constitución de nuevos modos de vida solidarios y colectivos”. Yo pienso que Annabel es uno de esos seres. Encontramos en el texto muchas imágenes, la mayoría de ellas alegres y de conjunto y también una imagen de pensamiento, que desde mi perspectiva, es la que constituye al texto como herramienta de trabajo colectivo. Personalmente recorrí el camino desde el TEXTO al FRAGMENTO, experimentando múltiples emociones. Pensar con otros habilita el paso por diferentes momentos, todos importantes. En la experiencia de pensamiento colectivo hallamos, Momentos de claridad, de LUCIDEZ…. Momentos de CONFUSIÓN Momentos de ALEGRÍA, Donde aparecen el color como intensidad y las fuerzas que se expanden. Por último, realizando ahora el camino desde el FRAGMENTO al TEXTO, los invito a tomar un fragmento y a quedarse con él para luego hacer circular la caja. Otra vez muchas gracias. ------------------------------ Ángeles Núñez PRESENTACIÓN DEL LIBRO “POLÍTICA AFECTIVA. Apuntes para pensar la vida comunitaria”, de Annabel Lee Teles. MALBA, Buenos Aires. Siento nuevamente una profunda alegría al compartir una presentación de otro libro de Annabel, y en el día de hoy, se trata de “POLÍTICA AFECTIVA. Apuntas para pensar la vida comunitaria”. Este título acaricia las fibras más hondas de mi ser por varios motivos. En primer lugar, porque presentamos un libro al que seguimos de cerca en algunos de los despliegues, de sus preguntas o de sus inquietudes. En momentos en que Annabel lo escribía, me comentaba algunos de sus pensamientos, reflexiones, experiencia, y de una mirada alternativa, por fuera de lo establecido en el sistema, y al decir de Mafalda, Annabel “se bajó del mundo” con su pensamiento, su despliegue, su devenir filosófico y ético-político. Así fue como en conversaciones filosóficas a veces, tomando un café, compartiendo momentos y sentires, no siempre fáciles, compartiendo la vida cotidiana, nuestros vínculos tuvieron siempre en su esencia lo político afectivo y el pensamiento de lo comunitario como modo de pensar nuestro ser y nuestro devenir. En segundo lugar, es interesante remarcar el esfuerzo que ha hecho Annabel, cosa poco común en los filósofos, por hacer profundamente comprensible la lectura de este libro. Es que la escritura es la danza de un pensamiento afectivo y creativo, cuando se propone hacer que la pregunta y el asombro rodeen las transformaciones integrales. Las frases son cortas y claras porque ella encarna el motor de lo que quiere lograr: una vida comunitaria auténtica, con colectivos de producción autónomos, libertarios y amorosos, capaces de generar procesos de autocrítica y de desplegar siempre lo nuevo, lo por-venir, lo que construya nuevas subjetividades: mutantes, dignas, creativas, alegres y esperanzadoras, impulsoras de vínculos fuertes, solidarios, confiables. Sentimos intensamente la presencia de Spinoza (filósofo del siglo XVII), como sosteniendo el texto desde el comienzo con sus escritos filosóficos y con su coherencia de vida ética-política. Lo esencial del pensamiento de este filósofo es que la política se une a la ética y a la ontología Dice Annabel “el pensamiento nos brinda la posibilidad de efectuar desplazamientos, de comprenderlos. Muestra su capacidad creativa, su movilidad constante. Ilumina las transformaciones. (...) La afirmación del pensamiento creación, abre nuevas dimensiones. El pensamiento en su despliegue poetiza, crea realidad. Intensifica la relación con uno mismo, con los demás y con el mundo. Modifica las condiciones de existencia mentales, espirituales y materiales. Genera nuevas posibilidades de vida”. Creo intensamente que Annabel nos llama a pensarnos desde nosotros mismos, a buscarnos en nuestros dolores y a encontrarnos en nuestros aciertos con los otros, en esas mismas búsquedas de autenticidad y de creación, en la transcendencia, sin prejuicios. En síntesis, ella nos invita a preguntarnos por quiénes somos. Y con verdadero espíritu de entrega y de respeto hacia el otro, que es diferente pero que busca también un lugar de armonía, con sus luchas y sentires. Hay lugar para todos pero la única condición es potenciar el enjambre afectivo que nos une, respetar la alteridad y encontrar el equilibrio, el eje que nos compone a todos, incluida la tierra, la naturaleza como sujeto de derecho, en ese nuevo devenir. En estas búsquedas, a veces nos encontramos perdidos, aferrados al deseo-carencia, que al decir de Annabel “trae consigo el olvido de la propia potencia, y gracias al olvido, desistimos de los senderos que nos conducen a la abundancia de nosotros mismos y del mundo”. Es las diferentes experiencias con movimientos sociales, algunas muy distintas a las nuestras, como es el caso de Bolivia, hemos encontrado un hilo conductor común, de gran profundidad difícil de expresar en palabras, que resuena intensamente, que sobrepasa el peso de la palabra, que es igual en todas las lenguas y en todos los hombres: la demostración del afecto, el apretón de manos, el abrazo fraterno o la mirada intensa. Como del mismo modo la memoria colectiva no olvida las luchas de hombres y mujeres del sur, las épocas de opresión, de persecuciones, de torturas y asesinatos. La política afectiva tiene memoria afectiva y nos lleva a reclamar verdad y justicia para que estos horrores no se vuelvan a repetir. Me gustaría mencionar autores que Annabel trabaja con profundidad y verdadero conocimiento de ellos, de sus pensamientos integrales que son Nietzsche, Foucault y Deleuze. Ellos demuestran que el ser se define en su potencia de existir y de producir. Finalmente, estamos llamados a desarrollarnos como mujeres y hombres libres, y en este punto el aporte del arte en todas sus expresiones, así como de las ciencias integradas en una trama de vida comunitaria, hace de nosotros potentes constructores de nuestro propio devenir, capaces de bajarnos del mundo y de volver a subir, sólo, si en esta vuelta cabemos todos. Ángeles Núñez Buenos Aires, 11 de diciembre de 2009
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